La investigación Infancias Subordinadas revela cómo miles de niñas crecieron sirviendo en hogares ajenos, invisibles para la ley y la memoria colectiva.
En Colombia persiste una deuda con las miles de niñas que, durante el siglo XX y aún hoy, crecieron en condiciones de subordinación dentro del trabajo doméstico. Esta forma de labor, muchas veces sin remuneración y bajo figuras de “ayuda” o “acogida”, ha sido históricamente naturalizada y minimizada en el discurso social y político.
Aunque el país ha avanzado en la lucha contra el trabajo infantil, la realidad del trabajo infantil doméstico sigue sin aparecer en las estadísticas públicas y está ausente en muchas políticas. A pesar de su impacto, rara vez se clasifica como tal en los registros oficiales, dificultando su medición y su intervención efectiva.
La investigación Infancias Subordinadas. Historias de familia en el trabajo doméstico, de Ángela Catalina Joya, antropóloga y magíster en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, reconstruye las vidas de Tránsito y Ofelia, dos niñas que nacieron y crecieron en hogares donde no solo se esperaba que cuidaran, limpiaran y sirvieran, sino también que asumieran su lugar en una jerarquía social y afectiva profundamente desigual.
“Estas niñas crecieron aprendiendo no solo a realizar labores de limpieza, sino también a aceptar, resistir y asimilar la posición social de sus madres en el trabajo doméstico interno, una posición que con el tiempo se volvió también propia”, afirma la investigadora.





